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En días pasados el señor Moisés Ortega Soto, Presidente de la Asociación de Ciclismo del Estado de México, declaró que ya está completa la lista de representantes del Estado de México de frente a la olimpiada nacional. Entre otras afirmaciones, sostuvo: “… ya está definido quiénes corren contra reloj, quiénes corren la ruta, quiénes corren la montaña, quiénes corren el BMX…”.

 

Debo recordarle al Señor Ortega lo poco transparente que fue esta eliminatoria, que brilló además por su falta de organización y la constante burla a que fueron sometidos padres de familia y competidores con la toma de decisiones de señor que, entre otros aspectos, lo llevó de manera constante a pedir la “participación del público en general”, aun cuando desde el principio el señor Ortega ya tenía claro quiénes serían sus representantes para la olimpiada nacional. Cabe agregar que los señalamientos que persiguen a este personaje no son nuevos: en marzo del presente año fuedestituido como secretario de la Federación Mexicana de Ciclismo por haber incurrido en una serie de violaciones al Reglamento de la FMC.

En lo que refiere a las eliminatorias mexiquenses para la olimpiada nacional de ciclismo de montaña, está el caso representado por un joven de la categoría sub 23 a quien le fue robado el lugar que ganó con un merecidísimo triunfo que alcanzó la primera posición en el pódium del Centro Ceremonial Otomí. A este joven y al “público en general” se le había prometido (por la vía de una convocatoria pública-oficial) una carrera definitiva como parte de —cito de manera textual— el “Selectivo Definitivo, Olimpiada Nacional 2011” a celebrarse el pasado 13 de marzo del presente año en el circuito aplazado en el mencionado Centro (www.mountainbike.org.mx  convocatoria publicada el 09 de marzo de 2011).

El joven tuvo una participación excelente, llegó en primer lugar a la meta incluso contra todas las expectativas (corrió con una bicicleta dos tallas más grandes que la suya, entre otras contrariedades que tuvo que enfrentar); no cabía de felicidad, pues el triunfo representaba para él la posibilidad de, por fin, salir a competir a otros estados de la República y, ¿por qué no?, de brillar con luz propia ahora que había decidido cambiar el taller de herrería de su padre para dedicarse al deporte de tiempo completo.

No obstante su buena fe (y su creencia implícita en el buen juicio y palabra de los organizadores), el joven enfrentó el robo de su vida: cuando todavía disfrutaba del triunfo en compañía de su familia, se enteró de que la lista “estaba completa” sin que ésta, por supuesto, incluyera su nombre. Lo dejaban fuera a él sin darle ninguna explicación y sin considerar que, incluso, había sido premiado en pódium frente a padres de familia y representantes de los medios de comunicación, presentes en el Centro Ceremonial Otomí; incluso el propio IMCUFIDE y la ACIMEX habían avalado este triunfo (hay fotografías, trofeos y documentos firmados que así lo acreditan), pero de su lugar como representante del Estado de México en la olimpiada nacional no había nada, ni siquiera señales de humo, qué decir de una llamada telefónica.

Amigos lectores, es claro que incluso un mes antes de la carrera los federativos ya sabían que tenían una última carta para cumplir con sus objetivos de seleccionar a quien ellos querían: una carrera sacada de la manga del más oportunista de los magos. Un certamen de esta magnitud no se elabora en el margen de días ni contempla los menos de 40 participantes que acudieron (cuando en todo el estado hay, por lo menos, 200 por evento no clasificatorio): la convocatoria la sacaron a la luz dos días antes, pero la logística del evento la tenían arreglada ya desde, incluso, meses atrás, esto deja claro que querían que nadie más se inscribiera a esa carrera sino su gente, quienes incluso mostraron el exceso de confianza que da el saberse privilegiado por el poder.

Entonces, ¿para qué publica este señor (a quien por ahí lo señalan ya como una “cabeza de extorsionadores") convocatorias de carácter supuestamente “abierto”, si al final va a modificar a capricho los criterios para definir quién se queda y quién se va? o, mejor aún, ¿quién termina siendo el burlado y quién el beneficiado por los intereses de un puñado de mafiosos? Respuesta: los burlados somos el “público en general” y los beneficiados, los de siempre. De lo anterior se desprende que, como en otros deportes, no haya un sistema competitivo en el ciclismo de montaña en México (al menos en el Edomex).

Ni al señor Ortega ni a su grupo de privilegiados les importaron las lágrimas de un muchacho que vio sus esfuerzos burlados, y que despertó de un duro golpe a la realidad que constituyen —desafortunadamente— los grupos de poder que llevan las riendas del deporte en México; se trata de un joven que quizá haya perdido algo más que la esperanza en el deporte como alternativa; y la burla hacia él no termina con subestimarlo dejándolo fuera sin mediación alguna: más tarde lo mandaron llamar, le prometieron un lugar y le dieron uniforme del representativo, haciéndole creer que estaba dentro de éste, con tal de retrasar su posible queja o las reacciones que pudieran afectar los intereses del grupo actual de poder en  la Asociación de Ciclismo del Estado de México.

Y es que el deporte nacional está como está y las asociaciones estatales no progresan adecuadamente gracias a este tipo de dirigentes que, además de evidenciar procesos administrativos poco claros, carecen de planes de trabajo definidos y muestran no tener palabra ni valor humano frente a lo que ellos mismos publican ni siquiera para respetar el triunfo y lugar entre los ganadores de un humilde joven que quizá haya perdido ya la ilusión por el deporte —que acto tan mezquino, de verdad—.

El señor Moisés se ha cansado de señalar que quiere calidad en su representativo, pero ¿cómo ha de haber calidad cuando hay falta de un proceso verdadero para seleccionar a los competidores? ¿Cómo ha de haber calidad si se terminan seleccionando siempre a aquéllos que se alinean a las directrices del mandamás y no aquéllos que demuestran “la calidad” tan cacaraqueada?

Por otra parte, todos sabemos que la falta de transparencia tiene siempre intereses ocultos. En el caso en cuestión, simplemente, la empresa que elaboró los trofeos fue contratada con 30 días de anticipación (plazo que exige para entregar en tiempo y forma los pedidos) ¿cómo vamos a creer que dos días son suficientes para que se publique una convocatoria para “eliminatorias definitivas”?

Es claro que lo hicieron con premeditación, buscando dejar fuera a cualquier competidor serio; pero no contaban con la fuerza y la determinación de un joven que puso en jaque su sistema de corruptelas y quien, finalmente, fue sólo un escalón más que decidieron pisar para llevar a cabo sus fines y terminar burlándose tanto de los competidores como de los propios padres de familia (“público en general”, nos llama el señor Ortega a quienes terminamos legitimando con nuestra presencia sus corruptelas). ¿Hasta cuando, amable lector? ¿Hasta cuando?

Carlos Alberto Silva Santos y Ricardo Alberto Medina Ruiz, representantes del grupo de padres de familia en apoyo al equipo de corredores juvenilesAmeca Racing Team.